miércoles

Lévinas: El yo y el otro


La disyuntiva moral con respecto al otro es uno de los temas fundamentales en el desarrollo de la trama de El Niño. Esta idea es ampliamente tratada por el filósofo lituano-francés Emmanuel Lévinas, especialmente en su libro Ética e Infinito. Esta problemática se desarrolla en dos direcciones fundamentales:
  • La relación entre el tiempo y el otro
"[...] la relación con el otro es en la medida en que su elemento es el tiempo [...]" (Lévinas, Emmanuel. Ética e infinito. Página 53. Madrid: Visor, 1991).

Este aspecto, resaltado por Lèvinas, es de crucial importancia a la hora de enfrentarse a El Niño. Bruno parece estas suspendido en el tiempo efectivamente por carecer de relaciones y lazos humanos verdaderos. En este sentido, Bruno se encuentra abstraído de esta parte intrínseca a lo humano, aunque percibimos, de cierta forma, que intenta amar a Sonia: intenta hacer las cosas bien.

El problema está dado porque Bruno ha perdido el sentido de lo proléptico en su vida. El protagonista lleva una vida que no camina hacia ningún lugar, una vida que no está avanzando. Es por esto que este hombre (o tal vez niño) se aleja tanto del espectador a medida que avanza la película.

La forma más evidente de la pérdida de lo proléptico de ve cuando Bruno vende a su hijo. En esta acción está contenido gran parte del problema de la obra pues el bebé, representante de lo proléptico recién adquirido en la vida del protagonista, es entregado en pos de un futuro vacío.
  • El otro como medio de roconocimiento del yo
Bruno no logra efectuar el reconocimiento de sí mismo y del otro: para él los demás no están determinados por su característica de diferenciación del yo. Es en lo anterior en que radica el problema principal de Bruno. En este sentido, el protagonista se ve imposibilitado de tender lazos que lo unan intimamente con sus congéneres. Tal problemática es la que hace, finalmente, que este hombre no pueda ser padre.

La noción de padre como autoridad es clave para comprender lo que la película intenta plasmar.

"La paternidad es una relación con un extraño que, aun siendo el otro, es yo" (Lévinas, Emmanuel. Ética e infinito. Página 66. Madrid: Visor, 1991)

Tal como fue descrito anteriormente, Bruno es incapaz de desarrollar este tipo de relaciones pues no es capaz de efectuar el reconocimiento de sí mismo en el otro, como un ser distinto a él. Esto se complejiza aún más cuando, enfrentado a Jimmy, el protagonista se ve obligado a establecer una relación con este ente nuevo frente al que representa la autoridad no separada de la identidad.

Sería bastante complejo intentar enumerar todas las razones por las cuales Bruno es incapaz de establecer este tipo de nexos con las demás personas. Sin embargo, en vista de lo anterior, aparecen situaciones fundamentales, presentes en el filme, que podrían hacer más clara la cuestión que se ha puesto aquí en entredicho:

No existe en la vida de Bruno un referente de autoridad. La carencia de tal aspecto es esencial para el desarrollo del personaje del protagonista. La falta de un elemento de autoridad provoca en este hombre la ilusión de una vida al margen de la sociedad. No existe para Bruno ninguna ley ni orden sino las que él mismo se impone. El problema aquí es que, en realidad, las imposiciones que él mismo decide hacer no están determinadas más que por su situación como ente inseparable del superficial mundo que lo rodea. Si se desea ejemplificar con sucesos en la película este hecho es bastante simple: basta tomar la breve escena en que Bruno visita a su madre y le cuenta, de pasada, que ha tenido un hijo. La madre, sin emoción alguna, sólo le pregunta qué nombre le ha puesto.

Bruno necesita enfrentarse a la autoridad para comprender su rol de padre. El protagonista ha pasado tda su vida viviendo al margen de la ley sin tener que hacerse cargo de sus acciones. La problemática en este ámbito, sin embargo, no va tanto hacia lo "correcto" o "incorrecto" de las acciones efectuadas por el padre de Jimmy, sino más bien hacia la carencia de una figura que esté por sobre el individuo. En cierto sentido la única forma en que Bruno puede lograr comprender su posición de responsabilidad con respecto a otro es encontrarse, a su vez, bajo responsabilidad de alguien más. 

En este constexto entra en juego el personaje de Steve. El niño que roba para Bruno comienza a tomar, cuando el protagonista es abandonado por Sonia, un cariz cada vez más filial. Este proceso culmina, finalmente, cuando Bruno se entrega a la policía para sacar de la cárcel a su pequeño amigo. Steve no esperaba esta acción de parte del protagonista pues, en efecto, este no la hubiera llevado a cabo si no hubiera comenzado a sentir esta relación de autoridad y responsabilidad frente al niño.

El momento cúlmine del reconocimiento, tanto del yo con respecto al otro como el de la autoridad por sobre el individuo, se presenta en la escena final del filme. Es aquí la única vez en que Bruno expresa sus sentimientos y la única en que pregunta a Sonia por el estado de Jimmy. La liberación de la angustia del personaje que se concientiza del cambio que ha sufrido a lo largo de un par de días, desborda la pantalla en una imagen absolutamente espectacular. No es ni posible ni necesario describir tan maravillosa escena con palabras: es simplemente cosa de verla.